Una de las características principales de las emociones es que tienen un enorme valor evolutivo.

Como ya sabemos, las emociones son reacciones semi-automáticas ante acontecimientos internos o externos. Esto quiere decir que están diseñadas para no ser controladas. A través de miles de años de evolución de nuestro cerebro, este se ha preparado para desarrollar respuestas muy rápidas, especialmente en situaciones críticas o muy peligrosas, que le permitieran sobrevivir.

Las emociones y su papel en nuestra evolución

De ahí su gran valor evolutivo. A lo largo de cientos de años, tanto los individuos particulares de la raza humana como el ser humano en su conjunto como especie, ha sobrevivido ante depredadores mucho más grandes y mucho más fuertes que él, ha superado catástrofes naturales enormes e imprevistas. A lo largo de la historia y, por tanto, en el momento actual, ha desarrollado instrumentos y herramientas capaces de anticipar y superar todo tipo de catástrofes.

Por ejemplo, pensemos todas las herramientas tecnológicas que nos permiten prever los cambios meteorológicos y, por tanto, nos permiten anticipar y prepararnos para afrontar inclemencias meteorológicas de gran envergadura como huracanes, tornados, tempestades… que, en otros tiempo, causaban aún más daños materiales y más pérdidas de vidas humanas.

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La infección global como amenaza

La pandemia que estamos sufriendo puede ser considerada una catástrofe de primera magnitud y es absolutamente normal que la parte emocional de nuestro cerebro reaccione ante ella como tal. Recordemos que, además de la corteza cerebral, nuestro cerebro incluye otras estructuras como el sistema límbico, habitualmente conocido como cerebro emocional, el cual está especialmente preparado para reaccionar de una manera visceral e impulsiva en situaciones que suponen una amenaza para el individuo.

Dentro del sistema límbico, son especialmente importantes las amígdalas, dos estructuras del tamaño de una almendra, que son como los centinelas emocionales, y, por tanto, encargadas de vigilar y valorar si los acontecimientos constituyen una potencial amenaza o no y, en caso afirmativo, poner en acción una serie de estrategias para afrontarla.

En esta situación de amenaza (pandemia), la especie humana se prepara para la lucha y para la victoria, pero existen diferentes tipos de lucha. Hay un grupo de individuos de nuestra especie encargados de la lucha directa, en este caso los sanitarios y los investigadores. Su trabajo es estar en el frente, enfrentarse de manera directa con la amenaza para proteger al resto de individuos. Por otra parte, está la mayoría del grupo, que son aquellos que no pueden luchar de manera directa pero que necesariamente deben adaptarse a la nueva situación. El conjunto de la especie humana debe adaptarse a la nueva situación para sobrevivir.

Nos adaptamos a las situaciones cambiantes.

El primer paso ha consistido en el confinamiento, en la retirada, en el cese de la actividad ordinaria. No son adaptativas todas aquellas manifestaciones del tipo: “es que antes, es que yo antes, es que hasta ahora, no me las arreglo, no me apaño, antes todo era mejor”. Todo es diferente. Todo ha cambiado. Y la reacción más sensata es adaptarse a la nueva situación. El trabajo ha cambiado. Los estudios de nuestros hijos han cambiado. El modo de convivir ha cambiado. El mundo ha cambiado. Nuestras amígdalas, nuestros centinelas emocionales, nos habrán provocado reacciones impulsivas, incluso descontroladas a veces, que te hayan sorprendido o incluso asustado a sí mismo. No pasa nada. Todo es perfecto.

Si has tenido reacciones emocionales de este tipo, significa que tu cerebro emocional funciona bien. Quiere decir que tu sistema límbico ha detectado una amenaza, una gran amenaza, y te provoca reacciones emocionales fuertes y bruscas, potentes e inesperadas. Alégrate. La parte emocional de tu cerebro está en plena forma y está preparado para la lucha. Si es así, durante estos días de reclusión, habrás experimentado alguna de las seis emociones básicas. Sorpresa al inicio. Miedo, a continuación. Mucho asco, a veces. Enfado gran parte de los días. Tristeza en no pocas ocasiones. Y, en algún momento, incluso momentos de alegría por todas las cosas nuevas que estás descubriendo y que ni te imaginabas que existían tan cerca de ti.

Si todo esto es más o menos así, quiere decir que no eres una ameba sino un mamífero mucho más desarrollado, que reacciona emocionalmente, y reacciona de un modo al que habitualmente no está acostumbrado porque no se sufren catástrofes de esta magnitud un día sí y otro no. Tus reacciones emocionales son proporcionales a la magnitud de la catástrofe.

Ahora solo importa lo básico.

La sociedad entera ha recuperado lo esencial. Y lo esencial es extremadamente básico. Casi primitivo. No debe asustarte de pensar que lo esencial es simplemente vivir, sobrevivir. La especie humana, casi al completo, se ha replegado sobre sí misma y ha vuelto a las actividades esenciales, y las actividades esenciales de los humanos son muy parecidas a las de los animales: dormir, alimentarse, refugiarse. En definitiva, garantizar la propia salud y supervivencia. Y, en consecuencia, se han recuperado y reconocido las profesiones más primitivas y más relacionadas con estas actividades esenciales.

Profesiones que han sido habitualmente denigradas y denostadas por la mayoría: barrenderos y barrenderas, limpiadores y limpiadoras, etc

Hemos vuelto a lo básico y lo básico es sobrevivir. Tu cerebro ha vuelto a las reacciones esenciales. Y las reacciones más esenciales, después de las instintivas, son las emocionales. Las emociones son mucho más importantes para sobrevivir que los propios razonamientos. Los razonamientos serán muy necesarios para salir de esta situación y superarla de manera permanente, serán necesarios instrumentos tecnológicos para desarrollar vacunas y otros tratamientos eficaces que supongan una solución definitiva pero eso implica un tiempo de desarrollo del que ahora no se dispone.

Nuestra labor es sobrevivir.

En estos primeros momentos, la primera solución a la catástrofe pasa por decisiones muy ligadas a lo emocional, a lo esencial, a la supervivencia. Las reacciones emocionales nos van a ayudar a superar, en primera instancia. esta situación. Todos los valores que configuran el universo ético de la raza humana son importantes: la libertad, la paz, el amor, la solidaridad, etc, pero se quedan prácticamente en nada ante el gran valor que los sustenta, que es la vida, la salud de los individuos.

Por ahora, se trata de sobrevivir. Sobrevivir es una forma menos sofisticada de vida, primitiva quizás, pero esencial. Otras especies experimentan de manera habitual lo que nosotros estamos viviendo de manera excepcional. Muchas especies de animales se refugian durante los períodos más adversos del año hasta que las circunstancias ambientales y pueden salir de su hibernación cuando llega la primavera.

Las emociones que ayudan a nuestra supervivencia.

Por tanto, las emociones son las grandes maestras de la supervivencia y debemos considerarlas nuestras aliadas en estas situaciones de catástrofe. Las emociones nos tienen mucho que enseñar. Existen para que nos adaptemos rápidamente a las situaciones de cambio. Un repaso rápido de las emociones básicas nos da una idea de la importante función evolutiva que cumplen y nos aporta información de cómo cada una de ellas representa una opción muy específica de adaptación al medio.

El miedo tiene la importantísima misión de proteger de manera rápida al miedo, provocando la huida veloz, pasar desapercibido o esconderse. La sorpresa es fundamental para desarrollar la respuesta de orientación ante una situación nueva e inesperada.

El asco es primordial para evitar el contacto de aquello que produce rechazo o que sencillamente es peligroso o perjudicial para el individuo. La ira es fantástica cuando el sujeto quiere defenderse antes de ser atacado y destruido.

La tristeza cumple la función de hacer caer en la cuenta de la importancia de aquello que se ha perdido y provoca el deseo de buscar ayuda cuando se necesita. Por último, la alegría ayuda a repetir la situación placentera y a mantenerla el mayor tiempo posible.

En definitiva, podemos concluir lo siguiente. Uno, no te asustes por experimentar emociones, incluso emociones fuertes. Dos, las emociones son las grandes maestras de la supervivencia, no les tenga miedo, al contrario, van a ser una ayuda fundamental en estos momentos. Tres, estas emociones existen para que nos adaptemos rápidamente al cambio y está claro que necesitamos adaptarnos muy rápido a este cambio tan brusco de costumbres y organización vital. Cuatro, estas reacciones emocionales nos permiten seguir viviendo. Ya llegará el tiempo, que llegará, de las argumentaciones, los razonamiento y la búsqueda activa de soluciones superar esta situación, no solo a corto plazo, sino de una manera definitiva.

Y hasta aquí llega el artículo de hoy, espero que te haya resultado ameno e ilustrado de alguna manera. Si tienes algún comentario, duda o sugerencia, no dudes en dejarla más abajo, prometo contestar a todo. Muchas gracias por haber llegado hasta aquí y te dejo con más artículos de el blog de Doctor Viso dedicado a la innovación educativa, los procesos de aprendizaje y la inteligencia emocional.

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