Motivación es una palabra de origen latino que se sitúa etimológicamente en la órbita del verbo moveo (mover). En consecuencia, el significado de motivación tiene que ver con el movimiento. En términos psicológicos, se puede definir como el conjunto de impulsos que empujan a la persona a iniciar determinadas acciones y a persistir en ellas con el fin de alcanzar un objetivo. De manera más sencilla, podemos concluir que la motivación es aquello que nos mueve a actuar. Si este conjunto de impulsos se ponen en movimiento a partir de un deseo interno –por ejemplo, “encuentro una enorme satisfacción personal en aprender”-, hablamos de motivación intrínseca –; si, por el contrario, estos impulsos están originados a partir de factores externos –“si no me pagan, es que no trabajo”-, la denominamos motivación extrínseca.

Sin embargo, el objetivo de este artículo es mostrar cómo ese conjunto de impulsos que nos llevan a actuar son tremendamente frágiles por su misma condición de impulsos y que son necesarias estrategias para revitalizarlos, reactivarlos y fortalecerlos, ya que la motivación, como se recoge en su definición, implica que se inicien acciones pero, sobre todo, que se persista en estas acciones para conseguir los objetivos propuestos.

A continuación, te proponemos algunos consejos que te ayudarán a revitalizar los impulsos iniciales de tus grandes proyectos y a mantenerte en la carrera por conseguir tus sueños.

Sueña y piensa a lo grande.

Durante muchos años, los investigadores han sugerido que las metas más motivadoras eran aquellas pequeñas y realistas. De tal modo, que la consecución de ese tipo de metas asequibles eran las que mantenían la ilusión y la motivación. Sin embargo, en el año 2006, los psicólogos Locke y Latham (2006) estudiaron el modo en que la gente diseñaba sus objetivos y metas y llegaron a la conclusión de que las metas más motivadoras eran aquellas más alejadas de nuestra posición inicial, es decir, aquellas que parecían casi imposibles de conseguir pero que, al mismo tiempo, eran específicas.

Este tipo de objetivos, retadores y específicos, eran los más motivadores. ¿Por qué? Encontron la respuesta en el concepto de autoeficacia. La autoeficacia representa el grado en que uno cree en sí mismo, esto es, la confianza que tenemos en conseguir lo que nos proponemos. La teoría de las super-metas de Locke y Latham está encaminada a que los sujetos incrementen la confianza en sí mismos y sus potencialidades de tal modo que los individuos se sientan capaces de conseguir cualquier cosa que se propongan. “Si puedes comerte la tarta entera, ¿por qué comerte solo un pequeño bocado?”. Piensa en grande pero piensa en algo específico y, a partir de ahí, diseña los pasos que te van a ayudar a convertir tu sueño en una realidad.

No hay días mágicos, haz mágico cada día.

Muchas personas consideran que existen días especiales en los que las fuerzas del universo se van a poner de su lado para iniciar grandes cambios en su vida. Pero la verdad es que esos grandes momentos – esos días especiales- no se diferencian en absoluto de un día cualquiera. No existen días mágicos. No esperes a esos grandes momentos para empezar a cambiar. “No dejes para mañana lo que puedes hacer hoy”. Mañana puede ser la próxima semana, el próximo mes, la próxima vida… Y entonces quizás sea demasiado tarde. Cualquier día es bueno para empezar, para recuperar la ilusión y la motivación, para empezar a realizar cosas diferentes, para comenzar un nuevo camino y un nuevo proyecto. Tú puedes hacer mágico cada día. Si empiezas hoy, al cabo de los años, cuando mires hacia atrás, ese será tu “día mágico”. Por tanto, empieza hoy, porque hoy es tu día mágico.

Resetéate continuamente.

La motivación inicial no es algo que se mantiene de manera constante sino que se va desvaneciendo a lo largo del tiempo y puede ir quedando, poco a poco, orillada en algún rincón de nuestra memoria. A un cierto punto, nos damos cuenta de que no sabemos dónde ha ido a parar aquella ilusión inicial o dónde terminaron nuestros sueños. Por tanto, es necesario refrescar continuamente la memoria, redescubrir nuestras pasiones y recrear, de algún modo, aquellas experiencias que nos entusiasmaron en algún momento de nuestra vida. Necesitamos refrescar, reactivar esa motivación inicial.

Echa leña al fuego de tu motivación.

La motivación inicial puede incluso desaparecer rápidamente y de manera inesperada. Hemos dicho que los impulsos motivadores son frágiles e inconsistentes. Por consiguiente, hay que buscar la manera de que la motivación encuentre un hueco en tu día a día. Prepara pequeños “recordatorios” que te evoquen el motivo por el que trabajas, la razón por la que pasas horas y horas realizando esa actividad. Coloca estos “recordatorios” en lugares visibles: fotos del lugar de tus sueños, de tu objetivo final, citas inspiradoras… Por ejemplo, si tu objetivo es estudiar medicina, un póster o una foto de un médico ayudando a un paciente. La idea es que tus metas y tus sueños no se queden solamente en tu cabeza sino que formen parte de tu día a día. Ahora bien, estos “recordatorios” funcionan si los usas de manera constante. Si eres constante, tu motivación se mantendrá. Es como si todos los días echaras un poco de leña al fuego de tu motivación. Entonces, tu motivación se mantendrá viva.

Si quieres correr, ponte una meta. Si quieres ver cómo los demás corren, prepara un sofá.

Una de las características que mejor definen al cerebro humano es su capacidad de adaptación y la búsqueda de un equilibrio que le permita no gastar excesiva energía. Esta característica se traduce en que los seres humanos buscamos la comodidad siempre que podemos. Si no tenemos una buena razón para hacer un esfuerzo extra, no lo hacemos. Tendemos a ser cómodos. Pero la comodidad es posiblemente uno de los mayores enemigos de la motivación. ¿Eres por casualidad una persona competitiva? Utiliza esta característica personal en tu beneficio. Ser competitivo te puede dar una razón para seguir trabajando y te puede ayudar a recordar por qué elegiste el camino que en su día elegiste. Busca la manera de crear una competición contra ti mismo en tu día a día. Por ejemplo, establece fechas de entrega de tus trabajos para luchar contra el tiempo o establece pequeños retos para luchar contra ti mismo. Si quieres correr, ponte una meta. Si quieres ver cómo los demás corren, prepara un sofá.

Háblate y anímate.

Seguramente hayamos escuchado alguna vez la palabra “mantra”. Un mantra es un tipo de afirmación que sirve para reforzar determinados aspectos de tu personalidad y que se repite de manera constante. Cualquiera de nosotros puede utilizar un manta para mejorar su personalidad. Pues bien, una de las funciones más eficaces de este tipo de afirmaciones es mantener la motivación. Para que este mantra sea eficaz, piensa en los “dóndes” y en los “por qués”: ¿de dónde surge mi motivación?, ¿por qué tengo tantos problemas en mantenerme motivado? Por ejemplo, si tu gran problema es que cada vez que escuchas un “no” para alguna de tus ideas o proyectos te vienes abajo, prepara un mantra que te ayude a luchar contra ese obstáculo específico. Por ejemplo, “cada “no” que escucho es un peldaño para seguir subiendo por la escalera de mis sueños”. Repite el mantra todos los días y, si es posible, a la misma hora. Y, sobre todo, utiliza el mantra de manera constante, de tal modo que ese mensaje se interiorice y acabes creyéndote las cosas que tú mismo te dices todos los días.

Descansar es cambiar de actividad.

Una de las situaciones que más mina la motivación es enfrentarte a una única tarea, especialmente cuando ésta es difícil y/o aburrida. Por ejemplo, prepararse para una oposición durante un largo período o preparar un examen importante. En estos casos, el tener que hacer solo una actividad se convierte en una especie de túnel al que no se quiere acceder y para el que uno nunca se encuentra suficientemente motivado. El principio de “descansar es cambiar de actividad” te puede ayudar a superar este inconveniente. ¿Cómo se puede poner en práctica? Además de la difícil tarea que tienes por delante (un examen), elige otra tarea (prepararte para el carné de conducir) que también te resulte difícil. Y ponte a trabajar en las dos. Aunque aparentemente esto parece contraproducente, porque una tarea te puede quitar tiempo de la otra, no es así. Divide estas dos difíciles tareas en pequeñas porciones de trabajo relativamente fáciles de conseguir y pasa de una tarea a otra después de haber conseguido esas pequeñas metas. ¿Sabes por qué funciona esta técnica? 1) Porque estás permitiendo que el cerebro pierda el miedo al túnel de un trabajo largo y aburrido; 2) Porque el cerebro siempre tiene algo novedoso e interesante que hacer al pasar de una tarea a otra; 3) Porque los pequeños éxitos que consigue en las porciones de trabajo diseñadas en una tarea le sirven de motivación para afrontar la otra tarea. Las dos tareas se retroalimentan la una a la otra y el cerebro se mantiene muy activo y, por tanto, con una alta predisposición para aprender.

Echa la vista atrás con sentido crítico.

No tengas miedo de echar la vista atrás para revisar cómo has mejorado a lo largo de los años. Trátate a ti mismo con una combinación adecuada de crítica y elogio (“mano di ferro con guanti di velluto”, dicen los italianos). Echar la vista atrás te permitirá encontrar aquellas situaciones en las que tuviste éxito y eso reactivará tu motivación y te ayudará a seguir caminando. Pero no puedes quedarte en el elogio autocomplaciente porque también una autocrítica constructiva te ayudará a iniciarte en nuevos caminos y encenderá el fuego de tu motivación. La crítica te permitirá descubrir en qué áreas puedes mejorar o qué nuevas experiencias puedes explorar. Una autocrítica bien dirigida será una herramienta interesante para reactivar la motivación.

Rodéate de gente motivada.

La motivación y la ambición tienden a ser contagiosas. Cuando te encuentres desmotivado y desorientado, busca aquellas personas que se caracterizan por ser entusiastas, que tienen una motivación fuerte y son ambiciosas. Lo queramos o no, las personas que nos rodean (familiares, amigos, compañeros de trabajo…) tienen un fuerte impacto en las cosas que hacemos y en el modo en que las hacemos. Si careces de ambición, intenta lo que los psicólogos denominan “motivación por contagio”. Huye las personas desanimadas y negativas y acércate a aquellas personas entusiastas y motivadas que puedan reactivar tu motivación.

Motiva a otros.

Si ninguna de las estrategias te ayuda a recuperar la motivación personal, existe aún otra herramienta: motiva a otras personas. Dedica tu esfuerzo en motivar a los demás. Descubrirás que motivar a otros tiene un gran impacto en tu propia motivación. Uno de los puntos críticos del proceso motivacional consiste en poner en práctica todo lo que uno sabe. A veces sabemos lo que queremos pero ejecutarlo, es decir, convertirlo en realidad resulta harto complicado. Cambia de estrategia. Utiliza tu conocimiento para motivar a otro. Ver que otro triunfa con tus propios conocimientos te servirá de motivación personal y te animará a poner en práctica los consejos que das a otros con el fin de obtener los resultados que la otra persona está obteniendo gracias a ti.

Estas estrategias te permitirán mantenerte vivo en el camino que te conduce a la consecución de tus metas. Elige en cada momento aquella que te resulte más interesante y que te permita reactivarte de una manera eficaz en la dura travesía del desierto que supone perseguir grandes objetivos y conseguir metas elevadas.

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Y hasta aquí llega el artículo de hoy, espero que te haya resultado ameno e ilustrado de alguna manera. Si tienes algún comentario, duda o sugerencia, no dudes en dejarla más abajo, prometo contestar a todo. Muchas gracias por haber llegado hasta aquí y te dejo con más artículos de el blog de Doctor Viso dedicado a la innovación educativa, los procesos de aprendizaje y la inteligencia emocional.

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